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Crítica: Love, Death + Robots – “Jibaro”

Una sirena, un caballero y una nueva exploración del amor cortesía de Alberto Mielgo.

8 de septiembre de 2022
Por Viridiana Torres
Crítica: Love, Death + Robots – “Jibaro”
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Son pocos los cineastas con la capacidad para estrenar dos proyectos de alta calidad en menos de un año. Si Alberto Mielgo es uno de ellos se debe a su talento y experiencia, pero también a la claridad de sus ideas. Una habilidad que puede apreciarse en Jibaro, su más reciente colaboración para Love, Death + Robots que llega sólo tres meses después del Oscar por The Windshield Wiper. Lejos de desmerecer ante semejante obra maestra, el segmento brilla por su continuidad temática en la exploración del amor.

Esto sobresale aún más por los opuestos narrativos de ambos proyectos. Mucho hemos hablado sobre la sutileza con la que el multilaureado cortometraje plasma el sentimiento. El episodio antológico repite esta misma exploración, pero con la peculiaridad de que lo hace desde un enfoque netamente salvaje. Tanto, que por momentos ahonda más en lo animal que en lo humano. Es precisamente esto lo que hace que sea vital para comprender mejor la emoción.

Jibaro reinventa el viejo mito de la sirena para introducirnos con una mujer dorada cuyo canto conduce a los hombres a su muerte. A todos menos a Jibaro, un caballero cuya sordera le hace inmune, pero también sumamente atractivo a la criatura, que de este modo inicia un cortejo tan sensual como violento y en el que es difícil definir quién depreda a quién.

Es así como el director español ahonda en algunas caras del amor ausentes en su limpiaparabrisas. La cara erótica plasmada en la danza de la fémina, complementado por la lujuriosa en el andar de los hombres hacia su perdición. La violenta, primero con la pasión incontenible de uno y luego con la crudeza del otro. La dolorosa plasmada en la traición y el desencanto.

Más difícil de definir es ese amor tan ciego y desencadenado que conduce a un cambio en la propia esencia y que puede apreciarse con claridad en ambos personajes. De monstruo a mujer y de hombre a monstruo dependiendo de su respectiva priorización de los instintos más hermosos a los más viles.

Todas estas propiedades son exaltadas con una animación 3D de primerísimo nivel. En lo visual, remitiendo a los trabajos previos del cineasta, pero sin sacrificar una esencia muy propia con un fotorrealismo tan extremo que por momentos rompe las barreras del valle inquietante. Esto con movimientos tan complejos que por momentos confunden al ojo y hacen pensar que se trata de mocap, cuando realmente es animación pura y dura. También con interpretaciones y miradas que resquebrajan la inexpresión del personaje CGI convencional al transmitir toda clase de emociones como son la incertidumbre, la avaricia y sobre todo el dolor de la traición.

El objetivo se completa con escenarios naturales perfectamente bien logrados, algo sobresaliente por el exceso de elementos como la vegetación y sobre todo el agua, destacando además que algunas de las escenas más ambiciosas son submarinas. No nos olvidemos de la edición que pasa continuamente de lo frenético a lo pacífico dependiendo de las necesidades narrativas. Mención aparte para el uso del sonido y los silencios, naturalistas por unos momentos, hostiles por otros. La técnica al servicio del mensaje para un episodio de Love, Death + Robots que merece ser ubicado entre los puntos más altos del tercer volumen.

Finalmente hay que destacar que nada de lo dicho en esta crítica significa que Jibaro deba compararse con The Windshield Wiper. Hacerlo sería un ejercicio tan absurdo como innecesario que nos privaría de disfrutar la grandeza de ambos títulos. Más bien es una invitación a verlos como proyectos complementarios en los esfuerzos de Alberto Mielgo por ahondar en el complejo mundo de los sentimientos y sobre todo de uno tan complicado como el amor. ¿Qué es y en qué consiste? Puede que Jibaro no nos ofrece la respuesta, pero sí que nos ayuda a pensar en todas las caras de una pasión que no deja de mover al mundo.