Alfonso Vergara Andrade: pionero de la animación mexicana
Con el azar del ingenio y la ingenuidad, Vergara Andrade reunió a dibujantes que empezaron a trabajar de forma rudimentaria e improvisada en piezas que hoy son historia de nuestras industrias.
22 de septiembre de 2026Por Samuel Lagunas
No existen las actas de nacimiento de las formas artísticas ni cinematográficas. Es una tarea hasta cierto punto inútil obstinarse en fechar la primera película, la primera pintura, la primera animación hecha en un país. Sobre esta última, el caso mexicano no es la excepción. Nos han quedado algunos títulos de películas y comerciales que se intentaron entre 1916 y 1935, pero que nunca llegaron a concluirse. O, en otros casos, se terminaron, pero su exhibición no ha podido verificarse. Es por eso que nombres como Salvador Alvarado, Juan Athernack o Salvador Pruneda, junto a sus respectivas películas: Mi sueño (1915), El rompecabezas de Juanillo (1919) y Don Catarino y su apreciable familia (s.f) han quedado inscritos con tinta opaca en los libros de historia de la animación. Su presencia se conoce, aunque su legado es difuso y, hasta cierto punto, permanece perdido.
Sin embargo, en la escasa información biográfica que conocemos de esa tríada, hay algunos datos destacables. Pruneda, por ejemplo, viajó a Estados Unidos y alguna experiencia obtuvo allí para intentar adaptar su historieta al dibujo animado. De Athernack, sabemos que también era caricaturista y su producción fue un comercial para el periódico mexicano Excélsior. Salvador Alvarado me parece el más fascinante de los tres: un general carrancista y gobernador de Yucatán entusiasta del cine y la animación quien, junto al dibujante Leopoldo Quijano, encabezó proyectos como la Revista del cinema (1916-1917) y la animación del texto homónimo en el que Alvarado especulaba sobre el futuro utópico de la península.

Sabemos también que un hombre llamado Carlos Manríquez escribió en 1934 una carta al presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940) solicitando apoyo económico para la apertura de un estudio de animación en la capital del país. La carta nunca recibió una respuesta. Un año más tarde, en 1935 apareció el que suponemos es el primer estudio mexicano de animación: AVA, llamado así por las iniciales de su fundador Alfonso Vergara Andrade. Algunos de sus cortometrajes se hicieron accesibles a través de YouTube en 2015 gracias a la labor de investigación y divulgación del historiador de la caricatura Juan Manuel Aurrecoechea. Afortunadamente, en 2025 Jania Alarcón encabezó, con apoyo del Instituto Mexicano de Cinematografía y la Cineteca Nacional, los trabajos de restauración de sus cortometrajes. Gracias a esta acción, se conformó un programa de exhibición que desde agosto comenzó un recorrido por algunas salas de México como parte de las proyecciones del 45 Foro Internacional de Cine de la Cineteca Nacional. Paco Perico, el primer personaje animado del cine mexicano, ha vuelto a tener premier.
Un pionero desconocido
Debemos a Aurrecoechea los pocos datos que conocemos sobre Alfonso Vergara Andrade. Descendiente de una familia de origen vasco, Vergara Andrade se formó en el México inmediato a la Revolución Mexicana. Se dedicó a la novel especialidad de otorrinolaringología, pero siempre mantuvo una firme pasión por el dibujo y la fotografía. Sin mucha experiencia y en alianza con Antonio Chavira y Francisco Gómez, en 1935 inauguró el primer estudio de animación. Con el azar del ingenio y la ingenuidad, instalados en la azotea de su domicilio, Vergara Andrade reunió a dibujantes hombres y mujeres y empezaron a trabajar de forma rudimentaria e improvisada. Su inspiración era la animación estadounidense de los hermanos Fleischer, de Charles Mintz y de Walt Disney.
Con esas influencias y la firme aspiración de mexicanizar los cortometrajes norteamericanos, el estudio produjo Paco Perico en Premier (1935), una película indómita y errática. Paco Perico, en un juego metacinematográfico, asiste a la premier de su película acompañado por algunas celebridades nacionales cuyo diseño parece inspirado en los murales de José Clemente Orozco. Entre los rostros reconocibles, destaca el del cantautor Agustín Lara. El juego no tarda en aparecer: los dibujos se estiran, se encogen, se apachurran, se caen dentro y fuera del vehículo. Ya en la sala, contemplamos la película de Paco Perico: una aventura absurda donde Paco Perico se presenta como un clown prototípico que es torpe, bien inteniconado e inmortal. Su cabeza se cae, su cuerpo se deshilacha, todo por su incapacidad de distinguir entre lo que sucede dentro del set como parte de una película y lo que sucede fuera del set. Los nueve minutos se convierten en una persecución repleta de slapsticks donde la suerte de Paco Perico triunfa por encima de la gañanería del actor villano.

Las dificultades económicas y logísticas llevaron a Vergara Andrade y compañía a cerrar su estudio algunos meses para después fundar AVA-Color y continuar la producción de animación. Así, entre 1936 y 1937, un equipo encabezado por Carlos Sandoval adquirió mayor pericia y logró producir alrededor de 6 cortometrajes, cada uno con su desafío y su triunfo. En Una noche de posada (1937), su película más lograda técnicamente, un grupo de animales antropomórficos celebra una fiesta mexicana entre alcohol, piñatas y villancicos. Todo sale mejor que en Paco Perico: el ritmo, la narración y las secuencias de animación. Incluso los gags son más contundentes, como aquel en el que dos personajes de pinturas se enfrentan en una batalla de baile y entran y salen a placer del marco que los contiene. La vida de las abejas (1937) ocurre en un panal donde los personajes cantan canciones sobre la cera al tiempo que exhiben algunos vicios de su jornada laboral.
Los cinco cabritos y el lobo (1937) es una nativización de la historia de Los tres cochinitos, sólo que aquí la persecución salvaje ocurre a las faldas del volcán Popocatépetl. Ese dato fue el que se encomió en los carteles promocionales de la película, evidenciando que Vergara Andrade mantuvo durante toda su corta carrera el mismo ideal nacionalista y folclórico que ha marcado la animación mexicana por más de 90 años. Chema y Juana en el tesoro de Moctezuma (1937) anticipó el declive del estudio. El acercamiento a la publicidad de un antiácido se combinaba con la búsqueda de nuevos y pintorescos personajes que siguieran empaquetando en sus movimientos y su idiolecto la mexicanidad que Vergara Andrade quiso entregar al público. No hubo mucho más después. El estudio se disolvió y casi todos sus miembros dejaron atrás la animación, a excepción de Carlos Sandoval, cuyo nombre continuó repitiéndose en los créditos de varios cortometrajes posteriores. No contamos con información sobre lo que Vergara Andrade hizo después. Seguramente volvió a su trabajo como otorrinolaringólogo y entre pacientes recordaba esas travesuras y hazañas que inauguraron el arte de la animación en México.
La aventura de la restauración
En conversación exclusiva con Radix, Jania Alarcón nos habló de la importancia de restaurar estos empolvados tesoros de la animación mexicana. Jania se graduó como artista visual y siempre mantuvo un interés en la animación y el video. Ha realizado motion-graphics para videoclips y para televisión, a la vez que trabaja en el área de restauración de la Cineteca Nacional de México. En su relato, hay una fecha importante, el 28 de octubre, Día Mundial de la Animación y Día del Patrimonio Audiovisual. En una de las proyecciones organizadas por la Cineteca debido a esta doble conmemoración, conoció a Paco Perico. Su fascinación fue inmediata y también su inquietud por conocer más sobre el pionero desconocido de la animación mexicana.
Así fue como en 2025 ella, junto con su equipo, comenzó la búsqueda de los cortometrajes de Vergara Andrade en las bóvedas de Ciudad Universitaria. Las cintas encontradas no resultaron ser las originales, sino impresiones de las mismas, de ahí que el trabajo de restauración resultara más complicado. No obstante el comparativo es increíble. Se mejoró el color cuando lo había, la nitidez de los fondos y el trazo de los personajes. La aventura no estuvo exenta de aliados inesperados. Para el caso de La vida de las abejas, se descubrió que la copia de mayor calidad estaba en posesión de la compañía distribuidora de los cortometrajes de los hermanos Fleischer. La coincidencia me parece un homenaje a Vergara Andrade, quien siempre aspiró a imitar y continuar el estilo de los creadores de Popeye. Hoy una de sus películas descansa junto a la de sus maestros. Mejor, imposible.
El trabajo de restauración pasó por una etapa de revisión y reparación física de los negativos antes de entrar a la digitalización a una resolución de 4k con profundidad de 16 bits. Las etapas restantes incluyeron la restauración de color y la remasterización del audio para, finalmente, generar los nuevos archivos de salida. Para Jania Alarcón, la cereza del paste llegó de inmediato: “para mí fue asombroso porque cuando yo terminé el el proyecto, vine a Cineteca a ver si se podía presentar el material. Lo revisaron y me informaron que había quedado seleccionado para estar en el Foro. Fue una gran sorpresa. A partir de ahí, me han llamado de otros países como Perú y Bélgica para organizar proyecciones”.

Para quienes nos dedicamos a la investigación de la historia de la animación mexicana, proyectos como el de Jania Alarcón resultan inspiradores. También debiera serlo para los espectadores. En un momento donde la animación mexicana, tanto en largometraje como en cortometraje, parece mantenerse en ebullición, recordar y (re)conocer la tradición resulta urgente. Los trabajos de archivo y de restauración conforman ese detonante para la memoria y ese impulso para la circulación de nombres y películas que pueden cambiar nuestro futuro como arte y como industria. Cada vez estoy más convencido de que el cine que encabezará la renovación no es el que está adelante, sino el que hemos dejado atrás. El caso de la filmografía de Vergara Andrade resulta emblemático: su ímpetu, su experimentación y su juego modelan una actitud que desafía a una industria acostumbrada a la saga y a la repetición.
El Programa El inicio de la animación mexicana forma parte del 45 Foro Internacional de Cine y comenzará proximamente una itinerancia por salas de todo México.