Crítica: Cão Sozinho
Marta Reis Andrade presenta un corto intimista y altamente poético con el que deja claro que las grandes interrogantes de la vida solo pueden abordarse desde los gestos mínimos.
6 de mayo de 2026Por Viridiana Torres
Se dice que uno siempre regresa donde fue feliz. Pero, ¿qué hacer cuando esos lugares, endulzados por la nostalgia de una época que se ha ido para siempre, son incapaces de igualar las emociones del pasado y no hacen sino generar nuevos miedos e inseguridades? Marta Reis Andrade lanza la duda en Cão Sozinho.
El cortometraje, en el que la directora comparte su experiencia y su sentir, muestra a la propia artista dejando Inglaterra para volver a su natal Portugal, muy concretamente al pueblo que la vio nacer: un sitio que, marcado por la certeza de lo familiar, debería conducirla a las viejas sensaciones de seguridad que necesita para seguir adelante. Pero el tiempo no perdona a nada ni a nadie, ni siquiera a aquellos lugares que parecen inmunes a su paso. Así lo confirma con su abuelo, cuya presencia parece dada por sentada por todos excepto por la propia protagonista, ya que el reencuentro la hace percatarse de la fragilidad del individuo.

El envejecimiento y la muerte han sido abordados por el arte en infinidad de ocasiones, y aun así, Marta Reis Andrade es capaz de encontrar nuevas vías de exploración con un doble acercamiento que va de lo terrenal a lo poético. Una construcción que puede atribuirse tanto al legado de la animación portuguesa como a la honestidad con la que la artista traslada sus temores a la pantalla.
Muchos de estos se manifiestan a través del perro que da título a la historia. “¿Por qué aúlla así?”, pregunta la protagonista en los primeros minutos, a lo que su tía responde que “empezó a aullar porque se sentía solo” ante la pérdida de los otros perros que integraban su familia. Un diálogo sutil, pero suficiente para plasmar el dolor de la soledad y la ausencia, que puede manifestarse con la distancia, pero que se vuelve definitivo con la muerte.
Un pesar que, conviene subrayarlo, no aparece súbitamente, sino que se hace latente mucho antes de su llegada: en la vejez del ser querido y en la presencia de quienes se han visto obligados a despedirse de un ser amado. En este caso, el abuelo y el perro. Es precisamente a partir de estos personajes que la cineasta da paso a lo simbólico, aprovechándolos para mostrar lo delgada que es la línea que separa la vida de la muerte.

El primero la pone ante nuestros ojos con su edad, pero también con los trazos que hace en sus gafas mediante el uso de agujas. Una práctica que remite a las Moiras, divinidades de la mitología griega que determinaban la duración y el final de la existencia de cada individuo. Un poder tan absoluto que ni los mismísimos dioses podían cambiar.
El segundo es trabajado como un auténtico cancerbero. Su diferencia con el mito radica en que este no resguarda los accesos al inframundo, sino que encarna el miedo ante ese destino común que nos aguarda a todos y que, aun así, despierta inquietudes frente a la incertidumbre de lo desconocido. Un temor tan grande que nos empequeñece, como sucede con la propia protagonista, que se vuelve cada vez más diminuta ante sus continuas embestidas.
Todo esto, además, es reforzado desde un elegante uso del color: los tonos sepia que aluden al pasado; los trazos negros en el diseño de los personajes, que recuerdan a las vasijas griegas. Todo ello sin olvidar los vivos en rojo, como representación de las pasiones de la vida, pero también como una alerta ante la constante presencia de la única gran certeza en esta vida.

Ya lo decíamos anteriormente: el arte ha plasmado nuestra relación con la vida y la muerte por generaciones. Aun así, ha sido incapaz de ofrecer una respuesta definitiva a las inquietudes que nos carcomen. Cão Sozinho no es la excepción, y aun así, la directora presenta un cierre que invita a pensar que quizá las grandes interrogantes de la vida solo pueden abordarse desde los gestos mínimos. Esos que son casi imperceptibles, pero profundamente humanos.
Es a partir de esto que Marta Reis Andrade arroja su reflexión más dura, pero también más honesta: aprender a convivir con la ausencia, a reconocerla incluso en aquello que creíamos inmutable y a seguir adelante pese a todo.
Ficha técnica
- Título
- Dirección Marta Reis Andrade
- Producción BAP Animation Studios, Ikki Films
- País Portugal, Francia
- Año 2025