Ácido Cítrico: Crear con manos humanas
El estudio de producción animada de David González Castro apuesta por lo tangible en tiempos de inteligencia artificial.
29 de septiembre de 2026Por Viridiana Torres
Es un hecho innegable que la inteligencia artificial cambiará la industria animada para siempre, pero, en medio de tantos debates que hablan de lucha, aceptación e incluso resignación, resulta imposible anticipar cuál será el impacto real de esta tecnología. En medio de la incertidumbre, el productor y director David González Castro ha optado por la resistencia con Ácido Cítrico, estudio que nace ante la necesidad de crear “cosas reales en la era de la IA. Hechas por manos humanas”.
La frase va más allá de una mera declaración de intenciones para alzarse como el valor fundamental del joven espacio creativo. “Anti-IA generativa en cualquier fase del proceso”, nos explica el fundador cuando le preguntamos sobre las bases. “Es una decisión ética, por sus implicaciones jurídicas, ecológicas y laborales, pero también estratégica. En un momento en el que muchas productoras están apostando por la inteligencia artificial generativa, creo que precisamente puede existir un valor diferencial en defender obras en las que sea evidente que han pasado por manos y mentes humanas”.

La trayectoria y experiencia del creativo han puesto al stop motion en el centro de la ecuación. Sin embargo, reconoce que “me interesa mucho ofrecer animación dibujada de manera tradicional o con nuevas técnicas, mixed media y otras técnicas de imagen real como las marionetas”.
En cualquier caso, aclara que “esto no significa que esté en contra de la innovación, pero sí es importante tener en cuenta cómo afectan a terceros estos avances y controlar éticamente el uso de las nuevas tecnologías. No vale todo y no hay nada ‘inevitable’ que justifique cualquier uso”.
Crear, educar y producir
Los objetivos de Ácido Cítrico no se limitan a la industria, sino que también apuestan por “aportar al tejido social y cultural. Y aquí hay una doble vía: la creación de obras que aporten valores y entretenimiento para infancias y juventudes; y generar experiencias educativas buscando ocupar espacios donde las pedagogías del cine supongan un impacto real y un cambio en quienes las reciben”. Un esfuerzo que puede apreciarse en una segunda rama de carácter pedagógico.
“Durante toda mi carrera he compaginado estos dos ámbitos”, enfatiza David González Castro. “Por eso, todo lo pedagógico opera bajo el sello de Cítrico Lab, entendiendo la creación de actividades educativas como un laboratorio donde experimentar con el hecho cinematográfico y, en particular, con la animación; y para ello cuento con educadores que también son cineastas. Aquí también tendrá cabida la capacitación y especialización de profesionales en stop motion. Generar cantera es clave”.
De momento, el estudio ya trabaja en proyectos educativos de animación experimental en centros penitenciarios, hechos en colaboración con el Ministerio del Interior y la Academia de Cine. También en acciones de mediación vinculadas al Instituto Cervantes y dinamizando jornadas de reflexión con educadores, programadores y autores de cine para infancias dentro de Ambulante, en México.

Además de sus aportaciones a la creación de un mundo mejor, esta rama, aunada a los servicios ofrecidos por la compañía, es clave para después poder desarrollar proyectos autorales sin depender de la financiación pública como primera vía. “Ese modelo permite generar la base económica para desarrollar los proyectos de creación propia, centrada en cortometrajes; y más adelante, cuando la productora crezca y esté más consolidada, en desarrollos de series enfocadas a público infantil y juvenil”. Representa, además, una de sus mayores diferenciaciones, con una cartera de realizadores que será revelada dentro de poco, pero que incluye “nombres sinónimos de calidad” como Carla Pereira, José Prats, Valle Comba, Daniel Amar y Blanki Izuzquiza.
De este modo, el creativo concluye que “las tres líneas –service, pedagogías y creación autoral– responden a la misma idea de forma transversal: producir, crear y compartir conocimiento alrededor de la animación y el cine”.
Volver al origen para mirar hacia adelante
La línea de acción trazada por David González Castro no solo pretende reforzar los pilares fundamentales del arte animado, sino que también marca una clara evolución en su ruta como artista. Así lo confirma al explicarnos que todo el concepto “nace de juntar dos cosas que hasta entonces estaban separadas: mi experiencia como productor y mi necesidad de volver a crear mis propios proyectos. Después de años en producción tenía claro que quería concentrar mi experiencia para encontrar formas de financiación y de optimizar recursos en una empresa especializada en animación”.
Un viaje de este tipo va más allá de un repaso de pasiones, pues realmente ha implicado un retorno a las bases que puede rastrearse desde el nombre elegido. “Ácido Cítrico es el título de uno de mis primeros cortos”, rememora. “Para mí, las palabras ‘ácido cítrico’ representan la vuelta al origen y lo que se siente al provocar una emoción en ambas direcciones, para quien crea y para quien ve la obra. Ese es el sabor que quiero que tengan los proyectos que salgan de la productora”.
A pesar de la claridad de sus objetivos, el creativo no se obsesiona y apuesta por la estabilidad inicial que garantice la solidez a futuro. Razón por la cual, “este primer año ha estado muy centrado en conseguir solvencia de cara a ayudas […]. Creo que es esencial entender el ecosistema de financiación en España y cómo impacta en las pequeñas productoras. Es mejor reducir el ritmo y el número de los proyectos en marcha antes que entrar en dinámicas que, por la propia precariedad del sistema de ayudas e incentivos, nos llevan a desequilibrios económicos y creativos”.
Aunque esto ha obligado a declinar algunas propuestas interesantes, la compañía ya ha cosechado sus primeros frutos. Esto incluye los cortos Unplug, de Comandante Bebé, y Azul: La última semilla, de Aline Romero, destacando que este último marca el punto de partida del largometraje El viaje de Azul. También, Carmela, de Vicente Mallols, que coproducido con Pangur, marcó la tercera nominación al Goya del productor.
“Creo que, en tiempos de la IA, que haya productoras que apuesten por lo tangible y lo real es un factor diferenciador determinante”, concluye David González Castro. “Tiene que ver con lo artesano, con la necesidad de estar presentes en el taller y colaborar de forma continua y transversal entre todos los departamentos. Esto es extensivo al entender a otros estudios como el mismo gremio tanto a nivel nacional como internacional. Dicho esto, creo que una diferencia importante es que si quieres tenerme en la producción de tu proyecto solo vas a poder hacerlo con Ácido Cítrico”.