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Críticas

Crítica: Winnipeg, el barco de la esperanza

El filme dirigido por Beñat Beitia y Elio Quiroga se alza como una reflexión profundamente vigente sobre el exilio, la solidaridad y la dignidad humana.

10 de julio de 2026
Por Luis Miguel Cruz
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Resulta irónico que las guerras, que representan lo peor de la humanidad, también sean capaces de sacar lo mejor de nuestra especie. Esta dualidad ha sido plasmada por distintas manifestaciones artísticas a través de los tiempos, siendo Winnipeg, el barco de la esperanza el caso más reciente, y dicho sea de paso, uno de los más relevantes de los que tengamos memoria, tanto por los mensajes que transmite como por el momento en que llega.

El filme se desarrolla en 1939, un año clave en la historia de Europa y el mundo entero ante el fin de la guerra civil española y el inicio de la II Guerra Mundial. Es así como conocemos a Víctor, quien, temeroso por su destino y el de su hija Julia, decide abandonar España tras la caída de Barcelona. Sus planes por encontrar la seguridad en Francia fracasan cuando, como tantos otros refugiados, son trasladados a campos de internamiento donde habitan en condiciones infrahumanas. En medio de toda esta oscuridad, surge una luz de esperanza cuando el hombre se entera del Winnipeg, un carguero fletado por Pablo Neruda para trasladar a algunas personas hasta Chile, donde podrán comenzar una nueva vida.

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Han pasado casi ochenta años del zarpe, pero lo mostrado en pantalla tiene tantos paralelismos con el panorama actual que por momentos resulta inquietante. Por un lado, están los múltiples conflictos bélicos y crisis humanitarias que suceden en este preciso momento; también las consecuencias que estos acontecimientos tienen en la población general y que han resultado en una ola migratoria sin precedentes; finalmente, las distintas respuestas surgidas de esta situación. No sorprende que el personaje central se cuestione en un punto si esta locura no terminará nunca.

En medio de estas tensiones, la película lanza una invitación a la tolerancia que parece clave para alcanzar la paz. Para ello, la dupla realizadora compuesta por Beñat Beitia y Elio Quiroga, respaldada por la coguionista y autora del cómic en que se inspira esta producción, Laura Martel, aprovecha cada oportunidad para dar cara a los distintos afectados. Esto se logra a través de Víctor y Julia, quienes cruzan caminos con múltiples personas, lo que permite conocer sus pasados y sus dolores, pero también sus sueños e ilusiones. Una humanización que ayuda a entender que, como todos, los refugiados solo buscan una vida de paz.

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Es importante enfatizar que este tratamiento no apela a la mera compasión, sino que más bien apunta a la empatía con el refugiado y con el migrante en general. Sujetos que deciden abandonar su hogar a pesar de la añoranza y la incertidumbre que esto representa, lo que invariablemente recuerda a las palabras de Alejandro González Iñárritu: “Emigrar es morir un poco” [vía].

Este enfoque también se aprecia en el apartado artístico. El diseño de personajes muestra una evolución en comparación con el material fuente, lo que se traduce en una apuesta por rasgos más expresivos que ayudan a transmitir toda clase de emociones, siendo Julia el caso más destacado. Por su parte, la dirección de arte recurre a una paleta cromática que oscila entre la frialdad de la guerra y la calidez de la esperanza, reforzando visualmente el viaje de los protagonistas. En esta misma línea, la banda sonora potencia las distintas sensaciones suscitadas durante el trayecto de los protagonistas, alzándose además como uno de los trabajos más destacados del compositor Diego Navarro.

Destaca también que, aunque se desarrolla en un contexto netamente bélico, Winnipeg, el barco de la esperanza difícilmente puede clasificarse como una película de guerra. A pesar de ello, sí que tiene elementos en común con varios títulos icónicos dentro del subgénero, como La vita è bella (Benigni, 1997), The Boy in the Striped Pajamas (Herman, 2008), The Book Thief (Percival, 2013) y Jojo Rabbit (Waititi, 2019), por nombrar algunos. Obras que dejan ver esa cara humana que emerge en los momentos de infamia y tiranía, y que exaltan la defensa de la inocencia infantil para salvaguardar el futuro cuando todo parece perdido.

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El filme aprovecha a la pequeña Julia para concretar este objetivo, en una labor que es ejecutada con destreza, madurez y, sobre todo, un enorme valor. Son pocas las producciones cinematográficas que se atreven a mostrar a los niños en situaciones de auténtico peligro y sufrimiento, pero esta obra lo hace para dejar en claro que la guerra no distingue entre infancias y adultos. Lejos de estancarse en los pesares, la película muestra la resiliencia propia de estas edades, manifestada a través del juego, los sueños y la imaginación.

En este sentido, la película funciona como un valioso exponente de memoria histórica. Más que reconstruir un episodio del pasado, invita a reconocer que las consecuencias de la guerra, el exilio y la intolerancia siguen siendo una realidad para millones de personas. Recordar el Winnipeg es, en última instancia, recordar que la solidaridad puede convertirse en un acto de resistencia frente a la barbarie.

Winnipeg, el barco de la esperanza vuelve a confirmar que la animación posee la sensibilidad y la madurez necesarias para abordar algunos de los episodios más dolorosos de nuestra historia. Lejos de limitarse a reconstruir un hecho histórico, la película transforma el pasado en una reflexión profundamente vigente sobre el exilio, la solidaridad y la dignidad humana. En un mundo marcado por nuevos conflictos y desplazamientos forzados, recordar la travesía del navío deja de ser un simple ejercicio de memoria para convertirse en una invitación a no perder de vista aquello que nos define como sociedad: la capacidad de tender la mano al prójimo incluso en los momentos más oscuros.

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Ficha técnica

  • Título Winnipeg, el barco de la esperanza
  • Dirección Beñat Beitia, Elio Quiroga
  • Producción Dibulitoon, La Ballesta, El Otro Film, Malabar Producciones
  • País España, Chile, Argentina
  • Año 2026
  • Voces originales Maia Zaitegi, Daniel Albiac, Paulina García