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El cierre de Ediciones de la Flor sacude al legado de Mafalda y del cómic argentino

La cofundadora Ana María Miler confiesa que "me resulta muy difícil hacer libros en un país donde el presidente insulta a todos los que componemos el sector de la cultura".

8 de mayo de 2026
Por Staff
El cierre de Ediciones de la Flor sacude al legado de Mafalda y del cómic argentino
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Entre los recientes estrenos de Releyendo Mafalda y Quinografía, aunados a la próxima adaptación a cargo de Juan José Campanella, todo parecía ser felicidad para los aficionados de la pequeña creada por Joaquín Salvador Lavado Tejón, alias Quino. Sin embargo, es imposible no sentir que estas grandísimas satisfacciones se ven empañadas por una noticia que atenta contra el enorme legado del personaje: el cierre de su casa original, Ediciones de la Flor, tras sesenta años de actividad.

Fundada en 1966 por Daniel Divinsky y Ana María “Kuki” Miler, la casa editorial es historia pura de la tira cómica argentina e iberoamericana, con una bibliografía compuesta por referentes como Roberto Fontanarrosa, Liniers, Caloi y Alberto Montt, por nombrar algunos. Todo eso, sin olvidarnos del ya mencionado Quino.

La noticia llega sin grandes aspavientos ni publicaciones en redes que apelen al rescate de la gente. Los primeros reportes apenas mencionan un cartel en la Feria del Libro de Buenos Aires en el que puede leerse que “editar libros en Argentina siempre fue una carrera con vallas y hasta aquí hemos llegado a los saltos”. Palabras duras que hacen sentir que las industrias culturales van perdiendo identidad ante las grandes estructuras corporativas que imperan en la actualidad.

Y es que, si bien el cierre no responde a una única causa, son muchos los que señalan que la debacle comenzó con la pérdida de los derechos de publicación de Mafalda en junio de 2025, que pasaron a manos de Penguin Random House. Un golpe decisivo que terminó de profundizar una crisis que venía acumulándose desde hace años. Antes había ocurrido algo similar con la obra de Roberto Fontanarrosa. A eso se suma un escenario editorial cada vez más concentrado y difícil para los sellos independientes.

Pero hay algo más doloroso detrás de la noticia: la sensación de que desaparece una manera de editar. De la Flor publicó autores nuevos, humor político y literatura que muchas veces no parecían rentables. También realizó publicaciones desafiantes, lo que resultó en la detención de sus responsables, Daniel Divinsky y Ana María “Kuki” Miler, en los inicios de la dictadura. La editorial sobrevivió prácticamente a todo lo imaginable: la censura, las crisis económicas y la transformación de la industria cultural argentina.

Hoy nada es igual, pues la propia “Kuki” Miler confirma que “no hay forma de que una editorial del tamaño de la nuestra pueda mantenerse en un mercado que está perdiendo lectores y ventas”, y añade que “me resulta muy difícil hacer libros en un país donde el presidente insulta a todos los que componemos el sector de la cultura” [vía].

Por esto, el cierre también tiene algo simbólico. No se trata únicamente de una editorial que baja la persiana, sino el final de una época. La misma editorial que convirtió a Quino en un fenómeno mundial y que ayudó a consolidar la tradición del humor gráfico argentino hoy admite que ya no puede competir en un mercado dominado por grandes grupos y nuevas prácticas entre los lectores.

Es también una derrota espiritual para la cultura argentina, que tantos golpes ha padecido en los últimos años. Esto es, sin duda, lo que más duele. Cuando un sello independiente desaparece, no se pierde únicamente un catálogo. También se pierde una mirada del mundo.